"Cuando hablamos con los muertos"

 




Si te gustan esos libros que te mantienen en suspenso, que no quieres dejar de leer. Si eres fanático de Walking Dead este es un relato que vas a disfrutar.

Este libro me persiguió por lo menos por tres ferias. Se me aparecía, me guiñaba la solapa y por decisiones monetarias lo había dejado de lado, hasta la Feria del libro de Santiago.

Y lo entendí. Es un libro que se devora. Son tres cuentos cuyos personajes principales son mujeres. Cada cuento abarca una problemática social importante: La dictadura, el femicidio, la trata de blancas. Todos con finales inesperados, lo que nos permite casi caer en el misterio de una realidad posible.

Es un libro que se enmarca en la literatura de terror, pero desde un terror urbano, desde la realidad cotidiana, desde los temas reales y tenebrosos de nuestras sociedades surgen finales que te sumergen en el suspenso de lo inexplicable.

El primer cuento, el cual da nombre al libro y te hace entrar de inmediato en la lectura. Tiene como protagonista a cinco amigas adolescentes, las cuales se juntan a comunicarse con los espíritus con una tabla ouija. Después de ser expulsadas de la casa de una de ellas, al ser descubiertas envueltas por el humo de los cigarros y hablando con los espíritus. Deciden tener las reuniones en casa de Pinocha «le decíamos así porque era de madera, la más bestia en la escuela, no porque tuviera nariz grande» quien vivía lejos de la ciudad, en una casa grande, con una habitación sola y con padres que escuchaban a los Redondos y tomaban cerveza. Es en estas reuniones, que Julita, una de las adolescentes, se atreve a contarles que quería hablar con sus padres, quienes eran desaparecidos. Preguntarles cómo  y dónde estaban sus cuerpos.

«La cuestión es que todos sabían que los papás de Julita no se habían muerto en un accidente: los viejos de Julita habían desaparecido. Estaban desaparecidos. Eran desaparecidos. Nosotros no sabíamos muy bien como se decía.»

Es así como las amigas comienzan a convocar a todos sus muertos o desaparecidos – un tío, un vecino, el novio de una tía- para encontrar a los padres de Julia.

En uno de los encuentros con los espíritus, quienes no querían comunicarse con ellas porque decían que había alguien que los molestaba, ocurre una situación inexplicable. Una aparición que hará que las reuniones se acaben y  que la ouija quede enterrada en el pasado.

El segundo relato «Las cosas que perdimos en el fuego» tiene como tema central el femicidio y la violencia contra la mujer.

Cuenta la vida de Silvina quien nos va relatando la historia de un movimiento de resistencia femenina: «Mujeres Ardientes»,  quienes toman el violento acto de quemar viva a una mujer como bandera de lucha.

La protagonista se ve cada vez más involucrada en este movimiento debido a que su madre es una importante activista,  quien ayuda a las mujeres a quemarse a sí mismas, en hogueras donde arden los cuerpos. «Los incineramientos los hacen los hombres, chiquitita. Siempre nos quemaron. Ahora nos quemamos nosotras. Pero no vamos a morir: vamos a mostrar nuestras cicatrices»

Así poco a poco, Buenos Aires comienza a llenarse de mujeres llenas de cicatrices, de rostros consumidos por el fuego, de llagas en la piel.

«Silvina solamente escuchó que ellas estaban demasiado viejas, que no sobrevivirían a una quema, que la infección se las llevaría en un segundo pero Silvinita, ah, cuándo se decidirá Silvinita, sería una quema hermosa, una verdadera flor de fuego».

El tercer relato y el más largo: «Chicos que vuelven», es narrado por Mechi, quien trabaja en el archivo de niños perdidos  del Centro de Gestión y Participación del Parque Chacabuco. Con su oficina bajo la autopista, la protagonista vuelca su vida a ordenar las desapariciones que se enredan con el zumbido de los automóviles. Desde que ella trabaja en el archivo no ha aparecido ningún niño. Hasta que de pronto, se encuentra de frente a una de las «preferidas» de su registro. Los desaparecidos comienza a aparecer. Los parque se llenan de niños, por los que el tiempo no ha pasado. Al comienzo nadie lo cuestiona, todos están felices de tener a los jóvenes de vuelta. Pero eso, va a cambiar.

Las historias te mantienen constantemente en suspenso, esperando saber cual será el desenlace. El terror entra en la lectura y nos hace cuestionarnos ¿qué tan tenebrosa es nuestra realidad?

https://ventanadetinta.wordpress.com/2016/11/07/cuando-hablabamos-con-los-muertos-mariana-enriquez/

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